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CUADERNO

Ser padre: atención, paciencia y límites

Actualizado el 20 de octubre de 2026

Ser padre es fácil; ser buen padre, no tanto. En estos casi tres años he comprobado que muchas de las dificultades aparecen en situaciones cotidianas: estar presente al jugar, mantener la calma o sostener un «no» cuando llegan las protestas.

Atención: estar de verdad

Una de las cosas que más agradece un hijo es la atención. Pero prestarla de verdad requiere esfuerzo, y conviene no engañarse: estar a su lado no siempre significa estar pendiente de él.

El teléfono, por ejemplo, tiene una enorme capacidad para capturar nuestra atención. Podemos sentarnos a jugar y, aun así, seguir pendientes de la pantalla.

Una técnica sencilla es dejarlo lejos, fuera de nuestro alcance. Así no dependemos de resistir la tentación a cada momento y podemos concentrarnos en compartir el juego.

Paciencia: poner límites sin enfadarse

La paciencia es otra de esas cosas que un niño puede valorar aunque todavía no sepa reconocerla o expresarla. Cuando consigo ser paciente, puedo transmitir calma y poner límites sin enfadarme.

No siempre resulta fácil. A veces tengo la impresión de que el enfado se convierte en la atención o la reacción que está buscando. Por eso intento que el límite no dependa de cuánto me haya irritado, sino de lo que considero adecuado en esa situación.

Disciplina: sostener el «no» y acompañar

En estos casi tres años he visto de primera mano lo difícil que puede ser para un niño pequeño aceptar una negativa o no conseguir lo que se propone. A veces responde con insistencia verbal; otras, con una pataleta.

Personalmente, me tomo muy en serio no ceder ante esa insistencia. Pero mantener la decisión no significa desentenderme de lo que siente. Intento acompañar su frustración con comprensión, explicarle el porqué de la situación, ofrecer alternativas o aclarar cuándo podrá hacer lo que quiere, si es posible.

Ese es el equilibrio que trato de encontrar: prestar atención sin distracciones, poner límites con calma y sostenerlos sin dejar de acompañarlo. No siempre me sale, pero tenerlo presente me ayuda a decidir cómo quiero responder.